“Me gusta pintar palomas, sobre todo por las mañanas mientras me tomo el café. Es un ejercicio zen porque no pongo ninguna expectativa sobre ellas. Las dibujo con tinta china y, una vez que empiezo, tienen que acabarse de un solo trazo.”
Entre palomas, frases cortas, tinta china, cerámica y publicaciones, la obra de Rocío abre un espacio delicado y directo, íntimo y político al mismo tiempo. Un tema profundo en medio de la calle Fuencarral. Otro rollo.